Llegamos al fin a Londres. Llegamos a un barrio bastante lujoso, todas las casas eran chalets y unas muy cerca de otras. La verdad es que, que estén tan cerca de otras no me gustan porque me gusta sentirme libre y no encerrada ni vigilada.
Mi padre aparca el coche en frente de nuestra casa. Salimos y cogemos las maletas, las dejo en la entrada y subo a ver mi habitación. Me gusta mucho. Es negra y rosa, mis padres saben que esos colores me encantan. Bueno mi madre lo sabía.. Ahora sólo lo sabe mi padre.
Salgo de mi cuarto y busco a mi padre que está en el suyo.
-Papá, ¿se puede? -Digo tocando a la puerta-
-Claro, princesa. Pasa
-Entro y está sentado en la cama con el portátil y sonriendome-
-Me voy a dar una vuelta por aquí, ¿vale? -Le sonrío triste-
-Vale hija pero no regreses tarde que acabamos de llegar y tienes que estar muy cansada. -Me dice-
-Vale papi, pero de todos modos me llevo el móvil. -Sonrío acercándome a él y le doy un beso en la mejilla-
-Chao hija. -Me sonríe-
-Hasta luego. -Le sonrío y cierro la puerta de su habitación-
Salgo a la calle y doy vueltas para conocer todo el vecindario. Ahora mismo me encuentro sentada en un banco viendo como juegan los niños con sus padres y sonrío melancólica y miro al cielo sonriendo pensando que ella me estará cuidando. Miro el reloj y ya son las 20.00, me sorprendo ya que me senté aquí hace una hora y llevo fuera de casa dos. Me levanto del banco y me dirijo hacia casa. En el camino me doy cuenta de que también hay una academia de baile. Me quedo observándola y cuando me quiero dar cuenta mis lágrimas caían por mis mejillas recordando la última actuación que hice que fue justo antes de lo de mi madre. Salgo corriendo lo más rápido posible de allí para no recordar más, ahora lo único que quiero es encerrarme en mi cuarto y echarme a llorar. Lo que llevo haciendo un mes. Pero cuando voy a cruzar la esquina me choco con alguien y me hace caer al suelo.
-Huy, lo siento mucho. -Se disculpa él regalándome una sonrisa con unos dientes blancos impecables y ayudándome a levantarme-
-No pasa nada. -Digo yo quitándome las lágrimas y levantandome-
-¿Estás bien? ¿Puedo hacer algo por ti?. -Me mira- Enserio lo que sea, pero no puedo ver a una preciosidad como tú llorando. -Me mira triste-
-No, nadie puede hacer nada por mí. Pero gracias de todos modos. -Le dedico mi última sonrisa que haya podido ofrecerle al mundo hoy y me voy antes de que él no pueda decirme nada más-
Llego a mi casa y me encuentro a mi padre cocinando dos tortillas francesas. Pero yo le digo que no quiero, que estoy bastante cansada y que necesito dormir. Él me dedica una sonrisa y me da un beso en la mejilla.
Subo a mi cuarto y me echo a llorar recordando a mi madre. Pero lo que más me extraña es que cuando recuerdo a aquél chico dejo de llorar. Era bastante guapo, alto rondando el metro ochenta, moreno y con unos ojos grises que penetraban en mi mirada y algo cachas. Yo creo que tiene que tener mi edad. Y recordando cosas sobre él, me gustaría saberlo todo, lo principal su nombre y su calle para ir a agradecerle el intentar ayudarme. Y pensando en aquellos ojos grises me quedo dormida en mi cama con la ropa puesta pero sin zapatos.
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